Beso muerto

Cuando ÉL se despierta cada día recostándose de lado en la cama, se levanta y sube la persiana de su preciosa casa a las afueras de la ciudad, dejando que los primeros rayos de sol de la mañana inunden una habitación anclada en el pasado.

Se despereza, bosteza y encamina sus pasos hacia la cocina donde prepara un tazón de leche con cacao. Por las mañanas recién despierto ÉL se comporta como una máquina, aunque prefiere no pensar en ello. Este día sí lo hace y por eso rompe con la rutina de cada día. No habrá tostadas, sólo esa taza que ha preparado. No habrá viaje a la ciudad y al trabajo en ese viernes, unas llamadas bastarán.

beso muerto

Con la taza en la mano se sienta con armonía cerca de la ventana dejandose inundar los ojos por los preciosos rayos de color dorado y, entre el desconcierto de la pequeña brisa que mueve los árboles creando un espacio mágico, recuerda lo que ya nunca más podrá volver a hacer, dar un beso de buenos días a la persona que más ha querido en su vida.

fotografía retocada: the inhabitant / texto del relato: cedequack