La Piedra Blanca, el mundo interior de un niño

la piedra blanca

Cuando aún faltaban bastantes años para que yo naciese, en 1973 nació en otro país una serie que marcaría mucho una parte de mi vida de niño. La Piedra Blanca (Den Vita Stenen). No recuerdo exactamente cuantos años tendría, quizá tres o como mucho cuatro, cuando esta serie de apenas trece episodios se convirtió por mi parte en una cita ineludible cada semana durante la merienda.

Un niño y una niña, Hampus y Fía, encontraron una piedra blanca. Desde ese mismo día sellaron un pacto entre los dos, cada día uno de ellos tendría la piedra blanca y su misión sería realizar una prueba, un acto de fidelidad hacia el otro. Además el poseedor de la piedra blanca no podría pronunciar ni una sola palabra durante ese día.

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Tengo vagos recuerdos de la historia, pero aún percibo la sensación que sentía entonces, una mezcla de deseo por ver cual sería la siguiente prueba, por saber cómo podrían afrontar el día sin hablar, el momento en que se pasaban la piedra uno al otro, como un objeto de unión. Durante la emisión de la serie busqué mi propia piedra blanca, me propuse pruebas imaginarias e incluso algún que otro día me propuse no articular palabra, dándome cuenta del enorme reto que esto suponía.

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Sentí muchas cosas con esta serie, algunas indescriptibles que ni siquiera puedo expresar con palabras porque la sensación y el recuerdo que tengo ahora de ella son extraños, por expresarlo de alguna forma, digamos que esta serie tiene un hueco de mí en alguna parte. Ahora pienso que si sería de esta serie de donde nació el famoso juego de “beso, verdad o atrevimiento” al que jugaría tantos años con los amigos, es lo más cercano al juego de Fía y Hampus, aunque dista bastante.

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Vista ahora desde la distancia, la historia refleja la superación y el esfuerzo. La Piedra Blanca es una metáfora de aquello que cada ser humano desea conseguir, cada meta que se propone. Para Fía y Hampus era el amor, cada prueba, cada día sin hablar, eran una muestra del afecto que sentían el uno por el otro, la piedra era meramente un elemento de enlace, una firma visible del pacto de cariño, un sentimiento invisible.

Aunque no sé si estoy en lo cierto, recuerdo el trágico final de la historia. En las series de entonces para niños, todo era muy light, finales felices y prometedores para no causar un trauma al menor. La Piedra Blanca rompió con todo esto por primera vez y demostró que los finales no tienen por qué ser como esperamos. ¿Por qué no mostrar al niño que el mundo de seguridad de ahí fuera que se le enseña en los dibujos animados en realidad no siempre está lleno de bondad y puede acabar de forma diferente? Para el que pueda encontrar algun capitulo de esta serie o la vea algún día, no desvelaré el final, pero diré que recuerdo que fue la primera vez que sentí tristeza viendo la televisión y que desde el día en que acabó, dejé mi piedra blanca donde la encontré para dejar que fuese el destino el que decidiese si debía encontrarla de nuevo.

Cabecera “La Piedra Blanca”

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