Dicen que los perros van al cielo

 yoko

Pequeño Yoko:

Ya ha pasado un año desde aquella tarde que te di aquella tortilla que apenas veías ya con tus lindos ojos, desde aquella tarde alrededor de las 19:30 que tomé la dura decisión y desde aquella noche que entre mis brazos te me escapabas.

Mi estantería guarda como un tesoro tu cartilla del veterinario y tu correa negra, esa que escuchabas y te hacía levantar el ánimo con un sonido que nos acompañó durante más de 13 años.

De vez en cuando te has colado en mis sueños como si aún estuvieses a los pies de mi cama velándome el sueño.

Te quiero.