Puertas cerradas

puertas cerradas

Las puertas cerradas siempre han despertado mi curiosidad.

De pequeño, mi madre me compraba en las tiendas de chuches esos coches en miniatura con los que hoy juegan mis sobrinos. Eran coches baratos, hechos de una pieza y sin puertas que se abriesen, eran tan solo puertas disimuladas y yo jugaba imaginándome que se abrían pero sin poder hacerlo. Más adelante recibí un coche con el que me pasé jugando largo tiempo haciéndome mis propias aventuras, el coche en cuestión era Kit, el del coche fantástico, un automóvil negro con carrocería pintada (que con el tiempo se fue desconchando y haciendolo blanco) pero en el que ya no solo se abrían las puertas laterales, sino que además se le podía levantar el capó y el maletero. Eso lo consideraba un lujo y lo traté como a ningún otro. Recuerdo ahora de forma curiosa que cuando ya estaba finalizando mi época de juegos con cochecitos, vi al coche tan blanquecino, con el capó medio desprendido que decidí darle el mejor de los finales. Me inventé un final para su historia y en un episodio legendario de esos corían por mi imaginación, decidí ponerle fin y lanzarlo varios metros con fuerza estampándolo contra el suelo. Fue el fin de Kit y supuso el final de mis juegos.

coche fantastico kit

Mis hermanas tenían por aquellos días esas casitas pequeñas de muñecas que yo utilizaba a veces sin su consentimiento para meter a mis playmobils de incursión. En aquellas casas no todo estaba abierto, también había puertas de postín, puertas que aunque instintivamente a veces empujaba por error para ver si se abrían, no lo hacían. Al igual que las puertas de mis antiguos cochecitos, verlas ya bastaba, era un lastre, pero un lastre sin importancia, la aventura continuaba y listo.

Hoy las puertas cerradas, las falsas puertas, me recuerdan todos aquellos juegos de niño, cuando mi imaginación volaba tan rápido que nadie podía alcanzarme, eran puertas de fantasmas, puertas tras las cuales se escondían los más lúgubres y sorprendentes secretos, puertas que nunca serían abiertas y que siempre permanecerán cerradas a cal y canto en mi mente.

dalmatas