Frente a las escaleras

Son casi las 17 de la tarde. Hace ya 9 años a esta misma hora me quedé plantado frente a unas escaleras mientras mis padres desaparecían en el coche cuesta abajo camino de mi ciudad. Hace 9 años sentí algo que nunca más he sentido, la sensación de encontrarme solo, desamparado, frente a una vida de la que a partir de ese momento debería llevar yo las riendas sin que nadie me sujetase. Quizá lo más parecido a esa sensación sea la de montar en bicicleta sin ruedas de apoyo, siguiendo un camino, caer y levantarse, y así una y otra vez.

Aquellas escaleras pertenecían a la Residencia Universitaria de Bartolomé Cossío en Cuenca. Me quedé unos minutos pensando en esa especie de soledad y con un pequeño ahogo, pero justo también en ese momento descubrí una parte muy importante de mí, el valor.

Esta mañana, según iba a las 6 de la mañana al trabajo (sí, también a uno le toca trabajar en festivos), recordé cuando hace 9 años íbamos de camino a Cuenca y también el día anterior, domingo, recogía las maletas dispuesto a emprender una nueva vida que me cambiaría para siempre. No puedo hoy dejar de recordarme frente a la ventana de la terraza aquella tarde mientras el sol se ocultaba y en la cadena de música sonaba “despídete” de Ella Baila Sola mientras mi perro me rondaba al lado.

Ella Baila Sola “Despídete” 

Recuerdo a un chaval frente a unas escaleras sin futuro, nunca sé por lo que pasaron los que me dejaron atrás en el coche. Y sólo quiero agradecer al destino que me colocase allí, porque el futuro que se escondía tras ellas fue maravilloso.