¡Ay! ya no sé si me gusta el fútbol o qué…

 futbol

Desde pequeño siempre he odiado el fútbol y la verdad no tengo muy claro el por qué, pero tengo una ligera idea que me hace comprenderlo al menos un poquito.

Fuera de juego 1. Siempre me ha gustado ir en contra de lo que piensa la mayoría de la gente, veo en ello un reto, la emoción de comerme el coco para, de forma totalmente natural, rebatir los argumentos que me posicionen del otro lado del campo y llevar la contraria a la lógica. Desde luego no soy siempre así. Si los argumentos del otro lado son tan contundentes que no dejan lugar a duda, no me importa seguir la corriente, en ella me siento agusto. Pero en el mundo del deporte… hay tantos que el fútbol es una mínima parte de lo que se puede elegir y yo siempre fui más de voleyball, no por ser excesivamente alto, sino porque se me daba bien. En el colegio nunca pude convencer a mis compañeros para jugar a este deporte, siempre era fútbol y más fútbol, qué cansino. Pero en el instituto y la Universidad logré que todos jugásemos, a veces hasta a las tantas de madrugada. Llegué a convertirme por un año en el capitán del equipo de la Residencia Universitaria, algo inimaginable para mí, un sueño.

Fuera de juego 2. Cuando de pequeños jugábamos al fútbol yo siempre era el último de la lista. Iba viendo cómo mis compañeros elegían a todos y cada uno de los presentes, algunos bien torpes, y yo me quedaba siempre entre el puesto último y penúltimo, y cuando digo siempre es, con todas las letras, SIEMPRE. Esto me hizo sentir torpe y en ocasiones me replanteé quedarme sentado en el recreo sin jugar, de hecho eso era lo que hacía la mayor parte del tiempo. ¿Para qué jugar si mis compañeros no confiaban en mi y yo tampoco? Las cosas se hacen mejor cuando todos disfrutan y no hay diferencias o al menos sana competitividad sin altruismos. Esto me hizo odiar el deporte del fútbol y más si cuando jugábamos en contadas ocasiones al voleyball ahí todos me aplaudían y era yo el que elegía, tuve la ocasión de vengarme de los que no me escogían, pero no lo hice.

Fuera de juego 3. El fútbol de sofá. Odio cuando la gente gratuítamente (aunque ya son frases acomodadas que se dicen) expresa que le encanta el fútbol. Pero les gusta no practicarlo, sino verlo bien tumbaditos en el sillón a traves del televisor, buen deporte, sí señor 😛 Cuando sólo teníamos una tele y había fútbol no se podía ver nada más y tocaba aguantarse y reprimirse las ganas de ver lo que estabas deseando y que echaban en ese momento… pero imposible, toooodo el mundo estaba viendo el fútbol y la minoría era el resto. Esto me hizo empezar a odiarlo también, ¿por qué la decisión de ver el fútbol estaba por encima de la mía de querer ver otra cosa y no a partes iguales?

Fuera de juego 4. Soy nulo coordinando las piernas y el balón a la vez. La vergüenza que he pasado en algunas pruebas físicas llevando un balón en zig zag a través de unos pivotes en el suelo no se la deseo a nadie, un pato total, no así con el resto del cuerpo y los brazos, donde destacaba por encima de la media.

Y ahora yo, fiel “antifúrbol” entonces, ¿qué narices hago disfrutando como un enano con el FIFA 08 para la Play3 que me acabo de comprar, jugando con gente de todo el mundo a través de online, sabiendo lo que son fueras de juego, penalties, corners, regates, fintas y demás parafernalias? No me gusta jugar al fútbol, no me gusta ver los partidos de fútbol en la televisión y sin embargo me trago los partidos de la selección española con interés y a veces me encuentro hasta gritando al árbitro y al equipo contrario.

Entiendo por qué no me gusta el fútbol, pero no entiendo cómo me gusta, ¡ay! ya no sé si me gusta el fútbol…